Vivimos en una sociedad que nos ha enseñado a controlar, evitar o tapar las emociones.
Desde pequeños aprendemos que hay emociones “buenas” y emociones “malas”, y que sentir tristeza, miedo, rabia o inseguridad es algo que hay que corregir o eliminar cuanto antes.
La meditación, tal y como la entendemos en Dharma Yoga y Meditación, no busca cambiar lo que sientes, sino acompañar lo que está presente con amabilidad y conciencia.
Meditación y exploración emocional: una mirada diferente
Cuando hablamos de meditación y exploración emocional, no nos referimos a técnicas para estar siempre en calma o positivo.
La meditación no es un método para anestesiarte, sino un espacio donde todo puede ser sentido sin juicio.
Desde una mirada no dual, comprendemos que:
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No hay emociones equivocadas
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No hay nada que arreglar en lo que aparece
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No existe un “yo” separado que tenga que controlar la experiencia
Las emociones surgen, se mueven y se disuelven cuando son vistas y sentidas, no cuando son rechazadas.
Acompañar en lugar de luchar
La práctica meditativa nos enseña algo muy simple y muy profundo:
👉 puedo estar con lo que siento sin necesidad de cambiarlo
Cuando te sientas en silencio y llevas la atención a la respiración, al cuerpo o a las sensaciones, empiezas a notar que:
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Las emociones se manifiestan en el cuerpo
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Cambian de intensidad
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No son estáticas ni permanentes
Este darse cuenta reduce de forma natural la ansiedad y el sufrimiento, porque deja de haber una lucha interna constante.
El cuerpo como aliado en la gestión emocional
En nuestras clases de meditación, damos también importancia al cuerpo, porque es ahí donde las emociones se expresan primero.
Escuchar el cuerpo te permite:
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Reconocer tensiones emocionales antes de que se cronifiquen
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Dar espacio a lo que está pidiendo ser atendido
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Volver al momento presente cuando la mente se pierde en historias
Por eso, la meditación no es solo “mental”, sino una experiencia viva, sentida y encarnada.
Llevar la meditación a la vida diaria
La verdadera gestión emocional no ocurre solo sentados en el cojín.
Ocurre cuando, en medio de una conversación, un conflicto o un día difícil, recuerdas parar, respirar y sentir.
Pequeños gestos conscientes como:
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Notar tu respiración antes de responder
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Reconocer una emoción sin juzgarla
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Darte permiso para sentir sin explicarte
van transformando poco a poco tu relación contigo y con los demás.
Meditar no es hacerlo bien, es estar presente
Muchas personas llegan a la meditación pensando que lo están haciendo mal porque siguen sintiendo emociones intensas.
Y justo ahí está la comprensión clave: sentir no es fracasar, es estar vivo.
La meditación te devuelve a una relación más honesta, amable y real contigo misma/o.
No te promete una vida sin emociones, pero sí una vida menos en lucha con lo que es.
MLBC💜
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